BioBrasil: Carlos Chagas II

La segunda parte de la biografía de uno de los médicos e investigadores brasileños más destacados del S. XX.

En esta nueva colaboración con el Museo da Vida, museo y centro cultural de ciencias de la Fiocruz, nos adentramos en la segunda parte de la biografía de Carlos Chagas. Si recordáis, la semana pasada habíamos dejado a nuestro protagonista en un pequeño laboratorio montado en el interior de un vagón de tren, investigado una extraña enfermedad que causaba estragos entre los trabajadores que construían la línea férrea en una remota ciudad del estado de Minas Gerais. Chagas había descubierto el origen de la dolencia en un bicho molesto y picajoso, el barbeiro, en cuyo intestino vivía alegremente un microorganismo que no había visto hasta entonces. Se trataba de un protozoo, que más tarde recibiría el nombre Trypanosoma cruzi, en homenaje a Oswaldo Cruz. El 22 de abril de 1909, el descubrimiento de lo que luego sería conocido como enfermedad de Chagas, apareció publicado en la revista Brasil-Médico. En realidad, se trataba de un triple descubrimiento, pues Chagas había identificado el patógeno (o sea, el microorganismo que causaba la enfermedad), el vector (el insecto que lo transmitía) y el ciclo de la dolencia en los seres humanos.

En agosto de aquel mismo año, nuestro protagonista publicó el primer volumen de la revista del Instituto Oswaldo Cruz, incluyendo un estudio completo sobre la enfermedad. Semejante trabajo merecía reconocimiento, y por supuesto que lo tuvo: Chagas fue nominado dos veces al premio Nobel de medicina, en 1913 y 1921, aunque nunca recibió.

La gripe española llegó a Río de Janeiro en 1918, un año después de la muerte de Oswaldo Cruz y de que Chagas asumiera la dirección del Instituto Manguinhos. En dos meses, la gripe mató a 15 mil personas solo en la ciudad de Río. Chagas fue designado para dirigir una campaña sanitaria contra la pandemia y, en una semana, instaló hospitales improvisados y laboratorios de emergencia y movilizó a parte de la población. Al finalizar el año, había conseguido “doblegar la curva”, como se dice ahora, y derrotar a la enfermedad.


En 1919, fue elegido por el presidente de la República, Epitácio Pessoa, para dirigir el Departamento Nacional de Salud Pública. En ese periodo, llevó a cabo reformas en el servicio de profilaxis rural, creando secciones especializadas en la lucha contra la tuberculosis, la sífilis y la lepra. Con el apoyo de la Fundación Rockefeller, Chagas creó el servicio de enfermería sanitaria y, en 1923, la Escuela de Enfermería Anna Neri, introduciendo de este modo la enseñanza formal de la enfermería en Brasil. Carlos Chagas dejó el Departamento Nacional en 1926, aunque continuó dirigiendo el Instituto en Manguinhos e impartiendo clase en la Facultad de Medicina de Río de Janeiro.


El 8 de noviembre de 1934 Chagas moría en su casa víctima de un infarto, con tan solo 55 años, dejando un legado científico incuestionable. No queríamos despedirnos sin agradecer el maravilloso trabajo realizado por Melissa Cannabrava y Renata Fontanetto periodistas del Museo da Vida y, por supuesto, la amabilidad de la profesora Simone Petraglia Kropf que ha compartido con nosotros sus vastos conocimientos sobre Carlos Chagas y la investigación científica brasileña a principios del siglo pasado. Los libros de la profesora Simone sobre Chagas lanzados por la Editora Fiocruz están disponibles para descarga gratuita en la web del Museo, os dejamos los enlaces directos:

  1. Doença de Chagas, doença do Brasil: ciência, saúde e nação: http://books.scielo.org/id/48jg4/pdf/kropf-9788575413159.pdf
  2. Carlos Chagas, um cientista do Brasil (en colaboración con Aline Lopes de Lacerda): http://books.scielo.org/id/tpyj4/pdf/kropf-9786557080009.pdf


Nos vamos con música, en concreto con Ernesto Nazareth, considerado uno de los grandes nombres del choro, el carioca que creó y fijó el “tango brasilero” y otros géneros musicales en el Río de su tiempo, combinando influencias, no solo brasileñas, sino también de la música académica de Europa y África.

Ernesto Nazareth, «Coração que sente» (Valdilice de Carvalho, piano)

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