La samba es más que un ritmo musical: es una forma de estar en el mundo. Y tal vez sea justamente por eso que ha atravesado siglos, geografías, violencias, reinvenciones y, aun así, continúa siendo una de las expresiones más potentes de la identidad brasileña.
Las raíces de la samba son profundas — y femeninas. Mucho antes de las escuelas de samba de Río de Janeiro, de las grabaciones en disco y del carnaval como espectáculo nacional, ya vibraba en el Recôncavo Bahiano la samba de roda, declarado patrimonio cultural brasileño en 2004 y patrimonio de la humanidad en 2005. Allí, en ruedas formadas por comunidades negras rurales, las mujeres siempre tuvieron una presencia central: cantaban, improvisaban versos, tocaban, conducían la danza y guardaban la memoria colectiva de las tradiciones. El documental Mulheres do samba de roda, disponible en el canal del IPHAN, muestra muy bien esta fuerza: voces que no solo interpretan la samba, sino que lo sostienen.
Desde el Recôncavo, la samba se expandió y adoptó otras formas hasta llegar a Río de Janeiro entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde encontró un escenario urbano complejo: en la ciudad recién republicana convivían expresiones culturales europeas, africanas y afrobrasileñas.
En ese contexto, la samba no «bajó» simplemente del morro. Resistió. Fue perseguido, prohibido —igual que la capoeira— y tuvo que disputar espacio con otros géneros musicales. Pero también se adaptó: dialogó con nuevos instrumentos, se abrió a la influencia de la naciente industria cultural, amplió sus temáticas y se convirtió, poco a poco, en un género urbano y carnavalesco que ofrecía algo que ningún otro reunía tan bien: poesía, danza, fiesta y colectividad.
Entre sambas de terreiro, partido-alto y samba-enredo, las mujeres siempre estuvieron allí. De Tia Ciata a Clementina de Jesus, de Dona Ivone Lara a Elza Soares, fueron pioneras, compositoras, intérpretes, matriarcas de una tradición que, con frecuencia, intentó silenciarlas.
Es precisamente en esa línea de fuerza donde se inscribe el trabajo de Livia Barros, quien conversó con nosotros en un nuevo episodio de la columna O samba da minha terra.
Infancia musical: discos, boleros y encantamiento
Livia Barros creció en un universo musical intenso, hecho de discos sonando en la vitrola y espectáculos vistos junto a sus padres. En sus palabras:
Eu nasci num lar profundamente musical. A minha mãe escutava muitos discos — Vinícius, Milton, Caetano, Chico. A música fazia parte de tudo.
Livia Barros
Esa formación afectiva fue decisiva. Livia recuerda con cariño la primera vez que vio a Paulinho da Viola en vivo, siendo aún niña: «Eu tinha uns 11 anos. Aquele palco repleto de gente, todo mundo vestido de branco, a delicadeza do Paulinho… fiquei encantada».
Su entrada como cantante no vino de los grandes escenarios, sino de las celebraciones y ruedas organizadas por su madre, donde reinaba el buen y viejo bolero. Ella recuerda al músico que siempre la invitaba a cantar:
O seu Zezé tocava violão e percebia que eu gostava de cantar. Ele dizia: "Lívia, canta aquele bolero lá"… e eu ia cantando músicas de dor de cotovelo, sem entender muito, mas já fascinada pela dramaticidade.
Livia Barros
Esa vivencia, dice, moldeó su sensibilidad para el canto popular, un canto que «vem do corpo todo».
La poesía como fundamento de la composición
Si el canto nace de la escucha y la convivencia, su composición nace de la literatura, de la observación del cotidiano y de la búsqueda de metáforas capaces de expresar experiencias afectivas y políticas. Cuando comenzó a estudiar Letras, Livia descubrió que la poesía la impulsaba hacia una escritura que más tarde se convertiría en lenguaje de canción. Recuerda, por ejemplo, el impacto de leer por primera vez unos versos de Carlos Drummond de Andrade:
A tarde talvez fosse azul, não houvesse tantos desejos… Fiquei muito impressionada com essa frase. Comecei a pensar no que aquilo significava.
Livia Barros
Inspirada en poesía y música, Livia empezó a escribir textos y versos que poco a poco se transformaron en letras de canciones. Hoy reconoce que componer es un oficio —y exige método:
Compor é trabalho. Tem a ver com sentar-se, escrever, reescrever. Tem a ver com estudar um tema, ouvir música, entender a estrutura dos diferentes tipos de samba.
Livia Barros
En la entrevista comenta también que la ausencia de formación instrumental puede ser un desafío, pero nunca un obstáculo. La composición, afirma, es colectiva, especialmente en el universo de la samba, donde ideas de melodía y arreglos surgen del intercambio entre compañeras y compañeros.
Referencias femeninas: una línea de fuerza y sofisticación
Al hablar de las mujeres que la inspiran, Livia no duda: Dona Ivone Lara es su gran referencia.
Ela é a mãe de todas as cantoras do samba. Uma pioneira, mas também uma compositora refinada, com melodias únicas e letras que tratam dos afetos, da ancestralidade.
Livia Barros
Otras mujeres aparecen en esa constelación: Elza Soares, Jovelina Pérola Negra, Clementina de Jesus. «Elas já romperam muitas barreiras para que a gente existisse», afirma Livia con emoción.
Dona da Rua: cuando las mujeres hacen samba juntas
El grupo Dona da Rua nace de un movimiento estético, político y pedagógico. En Mogi das Cruzes, ciudad donde vive Livia, ella organizaba ruedas de samba mensuales en un espacio cultural llamado Casarão da Mariquinha. Allí surgió la idea de crear una rueda compuesta solo por mujeres.
En 2018, durante los 21 días de activismo contra la violencia contra la mujer, organizó una gran rueda con instrumentistas mujeres. Fue entonces cuando conoció a la guitarrista Helô Ferreira y reencontró a la pianista Juliana Cardoso, alianzas que transformarían su trayectoria:
Nós três, por sermos professoras e termos esse desejo de contar a história do samba e das mulheres, acabamos formando o grupo. Ele nasce dessa roda, dessa força coletiva.
Livia Barros
El grupo creció, maduró procesos, desarrolló composiciones propias y se lanzó a una dirección musical liderada por mujeres, algo todavía poco común en el universo de la samba:
As mulheres raramente estão na produção musical, na direção de discos. No Dona da Rua, a gente faz tudo juntas — arranjo, direção, produção.”
Livia Barros
Samba-Revolução: música como resistencia
El primer álbum del grupo, Samba-Revolução (2022), nació en un contexto político de fuerte tensión en Brasil, marcado por el avance de la extrema derecha y por el aumento de la violencia contra las mujeres. Según Livia:
O disco nasceu da necessidade de responder a essas violências. A gente queria pensar, pela música, num movimento de revolução.
Livia Barros
Las canciones hablan de lucha, resistencia, memoria y afirmación femenina. Entre ellas están «Filha da luta» y colaboraciones con compositoras y colectivos como Samba de Dandara. El álbum es, a la vez, un gesto político y un homenaje a la tradición de la samba como arte de resistencia.
Entre la investigación y el escenario: literatura negra, música y docencia
Además de su carrera artística, Livia Barros es investigadora de la Literatura Negra Brasileña, tema de su doctorado en la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo, bajo la orientación de la Profª Iracema Santos do Nascimento.
La relación entre la investigación académica y la música es, para ella, profunda:
Tem tudo a ver com a poesia. Quanto mais a gente estuda, mais se alimenta para criar.
Livia Barros
Esta integración entre arte y pensamiento social aparece tanto en sus composiciones como en su modo de narrar la samba como práctica comunitaria, pedagógica y política.
Planes de futuro: tiempo para hacer samba
Entre la docencia, la investigación y la vida artística, el tiempo es su bien más preciado. Livia reconoce que terminar el doctorado es prioridad, pero sueña con el momento en que podrá dedicarse de nuevo a la creación musical de manera más libre:
Meu projeto de futuro é ter tempo. Tempo para sentar-me com as minhas amigas, tocar, cantar, experimentar. O samba precisa disso: coletividade, presença, encontro.
Livia Barros
Una invitación para escuchar y pensar la samba

La entrevista con Livia Barros revela a una artista múltiple, cuya trayectoria cruza educación, poesía, ancestralidad, política y música. Su discurso es generoso, lleno de memoria, afecto y conciencia social. Nos recuerda que la samba nunca fue solo entretenimiento: es acto colectivo, resistencia, cuidado, narrativa de un pueblo. En el episodio completo del pódcast puedes escuchar la conversación íntegra, además de las canciones Vai y Filha da luta, del álbum Samba-Revolução. Una invitación a conocer el trabajo de una artista que honra las tradiciones de la samba, al tiempo que señala hacia el futuro: un futuro en el que las mujeres ocupan el centro de la rueda, componiendo, tocando, liderando, existiendo.
Y, como diría la propia Livia, que nunca nos falte tiempo —y comunidad— para hacer (y disfrutar del) samba.
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