El 17 de octubre se celebra el Día Nacional de la Música Popular Brasileña. La señalada fecha ha sido elegida en 2012 -y reglamentada a través del decreto-ley nº 12.624, del 9 de mayo- como un homenaje a la compositora brasileña Chiquinha Gonzaga. Y para celebrarlo, en esta emisión de BMQS escuchamos nuevamente el podcast de la columna BioBrasil, precisamente dedicada a esta gran referencia de la música brasileña, una mujer osada, que sacudió hasta los cimientos a la capital del país, la ciudad de Río de Janeiro en la segunda mitad del siglo XIX, y que atendía por el nombre de Francisca Edwiges Neves Gonzaga, aunque pasaría a la historia, simplemente, como Chiquinha Gonzaga.
Los orígenes de un mito

Nacida el 17 de octubre de 1847, en un Brasil aún esclavista, Chiquinha Gonzaga era hija del rico militar José Basileu Neves Gonzaga y de la mulata Rosa Maria Lima Gonzaga, por lo que desde el mismo momento de su llegada al mundo ya estuvo marcada por el preconcepto que suponía su origen y su color de piel.
De niña convivió bastante con la rígida familia paterna y sus pretensiones aristocráticas, lo que le permitió tener alguna formación musical, sobre todo, de piano a cargo del maestro Lobo. Pero esta preparación formal no impidió que frecuentara desde muy joven las ruedas de lundu, umbigada y otros ritmos africanos que proliferaban por toda la ciudad. Con apenas 16 años la obligaron a contraer matrimonio con un oficial de la marina mercante, Jacinto Ribeiro do Amaral, que la encerró en casa harto de sus devaneos musicales. Chiquinha Gonzaga le dio tres hijos en tres años y luego dejó a su marido en medio de un gran escándalo y se marchó a vivir con un ingeniero ferroviario con el que tuvo otra hija. Por el camino perdió la custodia de sus dos hijos menores, que quedaron a cargo del padre. El amor no duró y acabó dejando a su nueva pareja, quedando en una situación económica precaria que la obligó a impartir clases de piano para sobrevivir. Esta vida desarreglada, libre y bohemia, hizo que se la tachara de bala de perdida y que su talento pasara a un segundo plano.
En esa época difícil Chiquinha conoció al flautista Antonio da Silva Calado, que la introdujo en las fiestas y rodas de chorões, o sea, los intérpretes de choro o chorinho, un nuevo género musical que empezaba a despuntar en esos momentos y que luego contaría con compositores de la talla de Ernesto Nazareth, Pixinguinha o el mismísimo Heitor Villa-Lobos. En uno de esos encuentros con músicos de la bohemia carioca, en 1877, Chiquinha compuso, casi improvisando, la polca “Atraente”, su primer gran éxito.
Poco después Chiquinha empezaba a componer para el teatro (algo harto difícil porque en esos años las mujeres estaban vetadas en ese ámbito). Aún así musicó el libreto de Artur Azevedo Viagem ao Parnaso, rechazado por muchos empresarios por ser obra de una mujer. Dos años después pondría la música para la opereta costumbrista A corte na roça, con poesía de Francisco Sodré. La pieza se estrenó en el Teatro Imperial de Río, a cargo de la compañía portuguesa Souza Bastos y su éxito permitió a Chiquinha imponerse ¡por fin! en el mundo musical brasileño. Ese mismo año dirigió a los músicos del teatro y a la banda de la Policía Militar, convirtiéndose en la primera mujer directora de orquesta de Brasil.
Rompiendo moldes
Pero una persona como ella, inconformista, independiente y con ideas propias, no podía limitarse a romper moldes en un solo campo. Mientras ofrecía un concierto para 100 guitarras en el Teatro de San Pedro de Río en 1887, participaba de manera muy activa en el movimiento abolicionista, vendiendo sus partituras de puerta en puerta a fin de conseguir fondos para la Confederación Libertadora, una organización antiesclavista.
También fue una participante activa en la campaña por la proclamación de la República, fundó la Sociedad Brasileña de Autores Teatrales – que supuso un gran adelanto sobre todo en la cuestión del reconocimiento de los derechos de autor – y compuso cerca de 2 mil obras, de géneros tan variados como tangos, polcas, lundus, maxixes, fados, choros, mazurcas, valses o serenatas.
En 1899, mientras asistía al ensayo del Cordão Rosa de Ouro del barrio Andaraí, Chiquinha compuso la primera marcha carnavalesca de la historia brasileña, titulada “Ó Abre Alas”. Este nuevo ritmo, conocido como marcha-rancho, se impondría a partir de entonces en todos los carnavales cariocas hasta la llegada del samba casi 20 años después.
Chiquinha viajó por toda Europa a principios del siglo XX acompañada por su nuevo amor, el jovencísimo João Batista Fernandes Lage, un adolescente de 16 años (ella contaba por entonces unos bien llevados 52), al que adoptó como hijo para mantener su romance en secreto y con el que pasaría ya el resto de su vida. Precisamente, unas de las razones de su salida de Brasil fue evitar las murmuraciones sobre su vida privada, que hasta sus propios hijos acabaron aceptado. Solo volvió a casa en 1912 para asistir al estreno de “Forrobodó» -opereta en tres actos escrita por Luíz Peixoto y Carlos Bittencourt-, a la que ella había puesto la música y que, con más de 1500 representaciones consecutivas, fue verdadero exitazo.
Chiquinha Gonzaga murió un mes de febrero de 1935 al lado de su gran amor y dejando tras de sí un impresionante trabajo al que tanto debe la música brasileña. Durante su vida tuvo que hacer frente a todo tipo de preconceptos: tuvo problemas con el gobierno, la sociedad de la época le dio la espalda y hasta se la llegó a considerar subversiva. Todo por su genialidad y su espíritu libertario, feminista y luchador.
Para saber más
Obras de Chiquinha Gonzaga en el International Music Score Libray Porject: https://imslp.org/wiki/Category:Gonzaga,_Chiquinha
Página dedica a la vida y obra de Chiquinha Gonzaga: https://chiquinhagonzaga.com/wp/